El 31 de diciembre de 2025 tuvo lugar, con escasa fanfarria, una de las transiciones más significativas de la historia financiera. Tras 55 años, el último día de Warren Buffett como director ejecutivo de Berkshire Hathaway marcó el final de una era que generó rendimientos tan extraordinarios que desafían la comprensión convencional.
Las cifras cuentan una historia de creación de riqueza sin precedentes. Desde que Buffett comenzó a utilizar Berkshire Hathaway como su vehículo de inversión en 1964, el precio de la acción de la compañía ha aumentado más de un 5.500.000%, mientras que el S&P 500 retornó un 39.000%. La rentabilidad anual compuesta de Berkshire, del 19,9%, casi duplicó el 10,4% del S&P 500. Para ponerlo en perspectiva, £1.000 invertidas a finales de 1964 se habrían convertido en £55 millones a finales de 2024.
Sin embargo, lo que hace verdaderamente notable el logro de Buffett no es solo la magnitud de estos retornos, sino su consistencia a lo largo de seis décadas. Desde 1965, Berkshire superó al S&P 500 en 40 de los últimos 60 años. Más revelador aún: en las 13 ocasiones en que el S&P 500 cerró en negativo durante ese periodo, Berkshire cayó más que el índice de referencia solo dos veces. Esta característica defensiva da cuenta de la solidez fundamental del enfoque de Buffett.
La filosofía de inversión que produjo estos resultados se apoya en principios tan sencillos que parecen simplistas, aunque su aplicación rigurosa resulta extraordinariamente difícil. El enfoque de Buffett se centra en comprar negocios de calidad a precios razonables y mantenerlos indefinidamente. Como afirmó célebremente: “El tiempo es amigo de los negocios maravillosos”.
Un pilar central de su pensamiento es la distinción entre precio y valor: “El precio es lo que pagas; el valor es lo que obtienes”. Quizás su máxima más conocida captura el temperamento contrarian necesario para el éxito: “Sé temeroso cuando otros son codiciosos y codicioso cuando otros son temerosos”. El concepto de margen de seguridad, heredado de su mentor Benjamin Graham, proporciona una protección crucial frente a errores de juicio. Como enfatizaba Buffett: “Las tres palabras más importantes en inversión son margen de seguridad”.
La comunicación de Buffett con los accionistas constituye quizá su contribución más duradera más allá de los retornos financieros. Dirigiendo Berkshire junto a Charlie Munger, sus reuniones anuales de accionistas se convirtieron en el “Woodstock de los capitalistas”, auténticas peregrinaciones para inversores de todo el mundo en busca de sabiduría impartida con humor y franqueza. Sus cartas anuales desde 1965 condensan conceptos complejos de inversión en un lenguaje claro, al tiempo que ofrecen análisis sofisticados que los gestores profesionales estudian con devoción.
Estos valores y esta filosofía de inversión se alinean plenamente con el enfoque de DCS. Desde el inicio, hemos intentado emular e inculcar los mensajes de Buffett en la comunidad de asesores financieros independientes con la que trabajamos: priorizar el largo plazo frente a la especulación de corto plazo, centrarse en los fundamentos del negocio en lugar del ruido del mercado, mantener la disciplina en la valoración y ejercer paciencia a lo largo de los ciclos de mercado. No se trata de conceptos de moda que cambian con las circunstancias, sino de verdades atemporales sobre cómo el capital se compone a lo largo de décadas.
Greg Abel, de 63 años y hasta ahora director del negocio energético de Berkshire, asumió el cargo de director ejecutivo el 1 de enero, mientras Buffett permanece como presidente del consejo. En su carta a los accionistas, Buffett escribió: “Greg Abel ha superado con creces las altas expectativas que tenía de él cuando pensé por primera vez que debía ser el próximo CEO de Berkshire”. Abel hereda ventajas extraordinarias: una compañía con su mayor reserva de efectivo histórica, de 382.000 millones de dólares, una cartera de negocios de alta calidad y una cultura corporativa construida sobre la confianza.
Sin embargo, ningún sucesor puede replicar lo que hizo único a Buffett. Como observó Bill Stone, director de inversiones de Glenview Trust Company: “Si fuera tan fácil volver a hacerlo, alguien ya lo estaría haciendo. Pensar en ese dúo, con Charlie Munger como socio, hace difícil imaginar que algo así vuelva a repetirse en el corto plazo”.
La reacción inicial del mercado refleja esta incertidumbre. Tras el anuncio de Buffett en mayo, las acciones clase A de Berkshire cerraron en un máximo histórico de 809.350 dólares el día anterior, para luego caer un 14,4% hasta los 692.600 dólares en agosto, antes de recuperarse hasta los 754.800 dólares, con una subida cercana al 10,9% en 2025.
Su filantropía ofrece un testimonio igualmente contundente de su carácter. En 2010, Buffett lanzó “The Giving Pledge” junto a otros multimillonarios. En junio, anunció donaciones que elevaron sus aportes totales a más de 60.000 millones de dólares, distinguiéndose en una era en la que la riqueza suele concentrarse en lugar de circular.
Al comenzar 2026, las lecciones de inversión de Buffett siguen siendo tan relevantes como siempre. Los principios que guiaron su éxito —comprar negocios de calidad a precios razonables, pensar a largo plazo, mantenerse dentro de su círculo de competencia y conservar la disciplina— ofrecen un marco fiable para la creación de riqueza.
La transición de Warren Buffett de director ejecutivo a presidente del consejo marca la conclusión formal de la carrera de inversión más exitosa de la historia. Sin embargo, su verdadero legado va más allá de rendimientos extraordinarios o de la empresa de un billón de dólares que construyó. Reside en demostrar que el éxito en la inversión no requiere ni genialidad ni suerte, sino paciencia, disciplina, racionalidad y la aplicación constante de principios sólidos durante décadas. Bajo esa medida, su legado no tiene igual.
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