Los costes de financiación del gobierno estadounidense han vuelto a subir. Esto puede sonar alarmante. Los rendimientos más altos de los bonos suelen interpretarse como una señal de que los inversores están perdiendo confianza en las finanzas de Estados Unidos, en su banco central o en su capacidad para controlar la inflación.

Sin embargo, al analizar la situación con más detalle, surge una explicación más alentadora: puede que los inversores simplemente se estén volviendo más optimistas respecto al crecimiento económico de Estados Unidos.

El rendimiento de un bono gubernamental puede dividirse en tres componentes principales: la inflación esperada, los tipos de interés esperados y una “prima por plazo” adicional que compensa al inversor por prestar dinero durante un período prolongado.

Si los inversores estuvieran perdiendo la confianza en la Reserva Federal, las expectativas de inflación deberían estar aumentando. Pero no es así. Las mediciones del mercado de swaps de inflación siguen siendo coherentes con un retorno de la inflación al objetivo del 2% de la Fed.

Del mismo modo, si los inversores estuvieran seriamente preocupados por la deuda estadounidense, la prima por plazo también debería estar aumentando de forma pronunciada. Nuevamente, esto no está ocurriendo. Se ha mantenido relativamente estable.

Esto nos deja con los tipos de interés esperados. Actualmente, los inversores consideran que la economía estadounidense podría ser capaz de mantener un crecimiento más sólido y, por lo tanto, tipos de interés algo más elevados a largo plazo.

Esta es una distinción importante. Los rendimientos de los bonos no necesariamente están aumentando porque los mercados teman una crisis. Podrían estar subiendo porque los inversores creen que la inteligencia artificial, la desregulación y unas políticas fiscales más favorables podrían impulsar la productividad y el crecimiento económico de Estados Unidos.

Un crecimiento más rápido cambia la ecuación de la deuda. Estados Unidos sigue teniendo un importante problema de déficit, pero un crecimiento más sólido haría que fuera considerablemente más manejable.

Una regla general útil es que un punto porcentual adicional de crecimiento económico puede reducir el déficit anual en aproximadamente un punto porcentual del PIB. En una economía que crece más rápido, aumentan los ingresos fiscales, mejora el empleo y resulta más fácil financiar el gasto público.

La inflación también debería moderarse si disminuye el reciente impacto energético provocado por el conflicto con Irán. Una inflación más baja permitiría reducir los tipos de interés, disminuyendo eventualmente la enorme carga de intereses de la deuda pública estadounidense.

Nada de esto significa que los problemas fiscales de Estados Unidos hayan desaparecido. Reformar los programas de prestaciones sociales y controlar el gasto innecesario siguen siendo importantes desafíos a largo plazo. Los aranceles también constituyen una fuente de ingresos económicamente controvertida e incierta.

Sin embargo, el panorama inmediato podría ser menos preocupante de lo que sugieren algunos titulares.

¿Qué significa esto para los inversores?

En primer lugar, unos rendimientos más altos de los bonos no son automáticamente una mala noticia. La razón por la que aumentan es fundamental. Un incremento provocado por una inflación descontrolada o por una pérdida de confianza sería peligroso. En cambio, un aumento impulsado por expectativas de un crecimiento económico más sólido es mucho más saludable.

En segundo lugar, una economía estadounidense más fuerte debería favorecer los ingresos y beneficios de las empresas.

Por último, los inversores deberían prestar atención a las expectativas de inflación y a la prima por plazo, en lugar de centrarse únicamente en el rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a diez años. Actualmente, estos indicadores sugieren que los mercados mantienen la confianza tanto en la Reserva Federal como en el gobierno de Estados Unidos.

El mensaje principal es sencillo: el mercado de bonos no parece estar señalando una crisis de deuda estadounidense. Más bien, parece estar descontando una economía estadounidense más resiliente, productiva y con un crecimiento más rápido.

Si esta interpretación es correcta, el aumento de los rendimientos no es una señal de alarma. Es una señal de fortaleza económica.

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