Queremos contarles una historia real, la historia de un niño y su recorrido por la vida.

Su padre falleció cuando tenía cinco años. Su madre salía a trabajar todos los días, dejándolo a cargo de ayudar a alimentar a sus hermanos menores. Su infancia tuvo poco espacio para el ocio. A los doce años abandonó la escuela y, a los trece, después de una relación conflictiva con su padrastro, se fue de su casa.

Necesitaba desesperadamente ganar dinero para sobrevivir, así que comenzó a trabajar en una granja. Luego trabajó en el ferrocarril y, con el paso de los años, se desempeñó como vendedor de seguros.

Cuando tuvo la edad suficiente, estudió Derecho por correspondencia y ejerció durante varios años, hasta que terminó involucrándose en una pelea con uno de sus propios clientes en plena sala de audiencias.

Después de décadas de trabajo y con pocos resultados que mostrar, finalmente puso en marcha un negocio que tuvo éxito. Sin embargo, decidió invertir todo su capital en un nuevo emprendimiento que terminó fracasando.

Pero este hombre no se rindió. Abrió una estación de servicio que logró administrar con éxito, hasta que tuvo que cerrar durante la Gran Depresión. Para entonces tenía cuarenta años y aceptaba cualquier trabajo que le permitiera ganarse la vida. Así fue como comenzó a servir comida en un restaurante de carretera.

A la gente le gustaba su cocina, por lo que ahorró durante años hasta que finalmente pudo abrir su propio restaurante.

Entonces, el restaurante se incendió. Así que lo reconstruyó y volvió a empezar.

El negocio marchaba bien. Era un buen cocinero y a la gente le encantaba su comida. Sin embargo, después de varios años de éxito, la construcción de una nueva carretera amenazó el flujo de clientes del que dependía su negocio.

Para entonces tenía 65 años. La mayoría de las personas, a esa edad, habría considerado jubilarse con la modesta suma que había recibido por la venta de su pequeño negocio.

Pero él decidió hacer algo diferente.

Guardó sus utensilios de cocina y sus recetas en el automóvil y salió en busca de propietarios de restaurantes dispuestos a probar su comida. Comenzó a otorgar licencias para utilizar sus recetas y métodos de preparación, viajando de ciudad en ciudad y, en ocasiones, durmiendo en su automóvil entre una visita y otra.

Cuando cumplió 72 años, más de 600 restaurantes ya vendían comida preparada con sus recetas y el negocio estaba creciendo hasta convertirse en una cadena nacional.

Finalmente, había alcanzado el éxito empresarial. ¡Y solo le había llevado más de 70 años conseguirlo!

Este hombre se llamaba Harland Sanders. Probablemente lo conozcan como el Coronel Sanders, el rostro de KFC, una de las cadenas de comida rápida más exitosas del mundo.

¿Cuál fue el factor determinante de su éxito? ¿Su talento natural, sus habilidades, el dinero?

En definitiva, fue su perseverancia lo que le permitió alcanzar el éxito.

Calvin Coolidge, presidente de Estados Unidos entre 1923 y 1929, es conocido por la siguiente cita:

«Nada en el mundo puede sustituir a la perseverancia. El talento no puede hacerlo; nada es más común que las personas talentosas que no alcanzan el éxito. El genio tampoco; el genio sin recompensa es casi un proverbio. La educación tampoco; el mundo está lleno de personas instruidas que no han prosperado. Solo la perseverancia y la determinación son omnipotentes».

En otras palabras, el talento y la educación pueden lograr sorprendentemente poco si no van acompañados de un esfuerzo sostenido. Es la capacidad de mantenerse firme, seguir adelante y no permitir que las dificultades nos detengan lo que, a largo plazo, conduce a la victoria.

Para los inversores, esta es una lección fundamental a la hora de gestionar sus carteras.

Consideremos una inversión inicial de USD 10.000 que crece a una tasa anual del 7 %, con los rendimientos reinvertidos.

Después de diez años, el capital alcanzaría aproximadamente USD 19.700. Después de veinte años, USD 38.700. Y después de treinta años, USD 76.100.

Solo durante la tercera década, el capital aumentaría aproximadamente USD 37.400, una cifra superior al crecimiento acumulado durante las dos primeras décadas.

Estos cálculos demuestran por qué el tiempo es tan importante y por qué la perseverancia a lo largo de los años es fundamental para aprovechar el poder del interés compuesto.

La perseverancia ayuda a los inversores a mantener su exposición al crecimiento que originalmente buscaban obtener con sus inversiones.

El objetivo práctico es construir un plan de inversión que pueda mantenerse de forma constante a largo plazo: inversiones diversificadas, un nivel de riesgo manejable y aportaciones periódicas siempre que las circunstancias económicas lo permitan.

Sean como el Coronel Sanders.

Cuando se mantiene a lo largo del tiempo, esta perseverancia puede generar resultados extraordinarios para los inversores.

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